En 1497 el portugués Fernando de Castro plantó la primera viña en el suelo de Tenerife. Desde entonces el viñedo ha sido uno de los cultivos con más arraigo
en Canarias, y los vinos acompañan a la gastronomía insular.
Los primeros vinos que se elaboraron en Tenerife fueron blancos, creados a partir de uvas importadas de Grecia. Las zonas bajas de la isla fueron los
primeros lugares donde las cosechas dieron buenos resultados. La gran diversidad de suelos y el microclima de Canarias permitieron la adaptación de
un alto número de variedades procedentes de la Península y del resto de Europa.
Hasta el siglo XVIII gran cantidad de vinos tinerfeños fueron exportados hacia Europa y América, reconociéndose su calidad en diferentes rincones del
planeta.

Hoy en día, en Tenerife se cosecha gran variedad de uva, aunque principalmente los vinos blancos en la Isla están elaborados con uva albillo criollo, originaria de la isla de La Palma, y listan blanco, como es el caso de nuestro vino blanco de Bodega Piedra Fluida.
Muy destacada y apreciada es la uva malvasía, que puede encontrarse en el norte de Tenerife, La Palma y con mayor presencia en la isla de Lanzarote.
Esta baya especialmente aromática ha logrado reconocimiento en gran parte del continente europeo.

 

El suelo volcánico y la climatología dan como resultado exquisitos caldos blancos que habitualmente ofrecen al paladar un sabor fresco, equilibrado de
buena acidez con aromas florales y afrutados. Los vinos blancos de Tenerife son fruto de una viticultura heroica, por estar plantadas en terrazas de cultivo y
en pendiente, lo que dificulta el acceso de maquinaria. El hombre es quien de forma artesanal trabaja la vid, otorgando mayor relevancia a unos caldos de
calidad, que han obtenido grandes reconocimientos internacionales. No obstante, el mayor reconocimiento es el del consumidor.

 

Desde Bodegas Piedra Fluida recomendamos la toma de vino blanco ligero durante los aperitivos, servido bien frío. Para las comidas de pescado, el vino
blanco siempre ha sido un buen aliado, aunque dependerá del criterio y gusto de cada persona aconsejamos que el vino blanco seco acompañe a los
mariscos y crustáceos, gambas, langostinos o navajas.
Por supuesto, para aquellos que deseen degustar un vino blanco con carne, lo pueden hacer con carne blanca y de ave, teniendo en cuenta
que debe ser un vino con buena acidez.

Los vinos blancos de Tenerife en su variedad dulce y espumoso también son adecuados para postres, aunque en función de su dulzura deberá elegirse la intensidad del vino.