El vino es aroma, sabor, color, provoca sensaciones que transforman en el paladar un plato, en un manjar. Antes de llegar a la copa de vino en una mesa, el vino ha pasado por un proceso de elaboración, fermentación que tiene su origen en la selección de la uva y el cultivo de la viña.
La viña forma parte del entorno paisajístico, económico y demográfico del municipio de Santa Úrsula, enclave donde se encuentran los viñedos de Bodega Piedra Fluida. El historiador y biólogo, Viera y Clavijo ya en 1597 describía el municipio: “Está a media legua de La Victoria y cuatro de La Laguna. Lugar poco arruado, territorio sano, alegre, despejada, muchas heredades de viñas, agua excelente llamada de Chimaque, árboles frutales de toda especie. La iglesia es muy aseada (…). Tiene tres ermitas: San Luis, en El Calvario, San Bartolomé, en La Corujera y San Clemente, en el Malpaís”.

El producto estrella de esta zona fueron sus vinos, otorgando gran importancia a la comarca, que actualmente cuenta con una denominación de origen propia, Denominación de Origen Tacoronte – Acentejo y una diversidad de bodegas. El viñedo es seña de identidad de este municipio del norte de Tenerife, donde las variedades cultivadas con mayor frecuencia son Listán Negro,Listán Blanco y Negramoll. Las dos primeras son las variedades de uva seleccionadas por nuestra bodega para la realización de nuestros caldos. Listán Negro y Listán Blanco son variedades, que sobrevivieron a la gran plaga de filoxera que arrasó los viñedos de Europa en el siglo XIX. Son muy pocos los lugares en el mundo que conservan estas cepas prefiloxéricas. El cultivo de los viñedos, que da trabajo a numerosas personas, decrece vertiginosamente a mediados del siglo XIX, sin que, los de la papa y cereales logren suplirlo. Fueron momentos duros y de profundo cambio en el municipio que afecta también a la ganadería. Las áreas de pastoreo se reducen obligando a los cabreros a abandonar antiquísimas costumbres y usos comunes. La producción de la cochinilla introducida tardíamente, no resuelve la profunda crisis del momento y del lugar, donde las huellas de las epidemias, plagas, aluviones y huracanes, como el sufrido en 1852, son muy notadas en el desarrollo irregular de la demografía.

La segunda mitad de la centuria, siglo XIX, se caracteriza por un crecimiento continuado y el cultivo de la cochinilla, mejora la vida de los canarios. Pese a esta crisis, el cultivo de la viña vuelve a retomar cierta relevancia en la zona. La gastronomía tradicional acompañado del vino local salvan la agricultura de Santa Úrsula y, a su vez, su economía. Desde mediados, y sobre todo, finales del siglo XX, el sector agrícola pierde fuerza en detrimento de otros sectores como el de la construcción y el turístico. Éste último gran motor económico del Archipiélago canario. La apuesta decidida por el cultivo de viñedos son en la actualidad una garantía de la supervivencia de la tradición, de la identidad paisajística y cultural de un entorno que por su verdor, sabor, aroma y color son fuente de atracción de todo aquel que precie el buen vino y gastronomía.